Agua Viva
Parte I
Resumir este texto de Lispector deja en principio al lector en contacto con lo inasible, eso que se escabulle, se resiste al sentido desde la pretensión de estructurar su abordaje a través de tópicos literarios tales como resumen, argumento, circunscribirlo a un género narrativo.
Agua viva implica: sumergirse en los meandros del lenguaje, en sus vericuetos, curvas, inflexiones, en sus bordes, asistiendo a la experiencia de perderse en la lectura misma; transitar esa intimidad con el texto que Jorge Larrosa nomina experiencias de lectura. Escritura la de Lispector en Agua Viva que produce acontecimentalmente una afánisis del sujeto lector, sumiéndolo en una alienación que experimenta un giro dialéctico en que apela e interpela al mismo. En relación a lo mencionado anteriormente nos dice Jorge Larrosa “a veces tienes la impresión de leer palabras de nadie, tan de nadie que podrían ser tuyas, de cualquiera. Se da entonces una especie de intimidad entre tú y lo que has leído: no hay distancia, tampoco defensa. No hay exterior ni interior. No hay diferencia entre tú y lo que lees. Dura sólo un instante. Súbitamente se da una especie de orden, una especie de claridad. Es un instante callado y gozoso”[1]
Su condición de inasible no implica que no podamos bordearlo, tomar el agua con las manos, la alternativa que se impone entonces es recorrer el lenguaje asistiendo a sus diferentes propuestas y movimientos. Un tono existencialista lo recorre en pausados virajes. En la próxima entrada intentaremos desmontar la lógica del instante que iniciáticamente propone el texto.
Escrito en el blog Literatrofia año 2011-
Escrito en el blog Literatrofia año 2011-
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