Otra vez ha llegado la noche,con pasos pesados
después de un largo crepúsculo.
Otra vez el cielo, la luz muriente, el árbol, la ventana, los libros.
No ha habido cambio en ti desde ayer;
la constante naturaleza, entre tanto ha llenado de tiernas hojas
frías,
una vez más, las ramas negras del algarrobo.
Fue un lento estallido en las auroras de octubre.
Su plenitud así como su nacimiento, te tomará de sorpresa y
juzgarás el mundo incomprensible.
Ay, otra vez, otra vez, la noche, y tú solo, sin entender todavía.
Día tras día buscas un nudo de claridad aunque haga arder tu
garganta.
Pero sobre cada mañana cae su propia noche, sombra virtual
en la luz misma.
¿Viste como otra vez ha llegado la noche, con pasos pesados?
Su talle silencioso, expande la sombra,
otro atardecer interminable y fugitivo queda atrás,
oculto bajo el sudario del cielo y las minuciosas estrellas.
Otros cantan iluminados una canción cuyo sentido desconocen,
pero esa gracia te ha sido negada. Estás inmovil,
tu palabra girando locamente en el aire, desnuda de sentido,
y ciega para las ebrias mañanas y los destellos ardientes.
Otra vez ha llegado la noche, con pasos pesados,
y el sol de la mañana no traerá nada
Ah, si supieras, si estuvieras seguro, si en algún
sol lejano ardiera ya la ciencia secreta,
la palabra de acero puro,
con qué amor amarías la noche plena,
cuánto soportarías el tiempo, las raíces;
cómo tu corazón, nudo solitario,
abrazaría las tempestades hasta hacerlas llorar
Octubre 20 de 1963
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