"Y lo mejor que hay en este curioso impulso que se llama amor, es la carta, es la letra que puede tomar formas extrañas" Jacques Lacan (Seminario XIX: El saber del psicoanalista)
La idea radicaba en principio, en extractar cartas de amor de poetas, artistas, filósofos como así también escribir ciertas consideraciones sobre las mismas. Inicialmente me atrajo el estilo poético de la escritura misma , luego los personajes, y luego el amor.
Lo que horada todas las cartas que he leído hasta ahora es una especie de falta de adecuación, de incomprensión fundamental entre quien escribe la carta y el destinatario, hay en ellas siempre una desigualdad, un tono de permanente tensión. Una desigualdad contenida en la forma amorosa, que encuentra diferentes matices, variados tonos de expresión, evidenciando una inadecuación radical. Inadecuación iniciática que interpela la idea platónica del amor.
Sartre hizo una lectura del amor en su obra "El Ser y la Nada", en la cual podemos reconocer alli las huellas de la lectura del maestro de Jena, Hegel, y asumir la intertextualidad de la dialéctica del Amo y el Esclavo planteada en la "Fenomenología del Espíritu". Entendiendo la intertextualidad como la plantea Julia Kristeva en tanto "Todo texto es la absorción o transformación de otro texto."
Plantea Nicola Abbagnano “El supuesto del análisis sartreano es considerar al A. como tentativa, o mejor dicho, como proyecto de realizar la unidad o la asimilación entre el yo y el otro...El A. es fundamentalmente un querer ser amado... La voluntad de ser amado es así la voluntad de valer para el otro como el infinito mismo...Es necesario que el otro sea libre para quererme amar y para ver el infinito en mí...El A. del que habla Sartre es el proyecto de la fusión absoluta entre dos infinitos, y dos infinitos no pueden más que excluírse y contradecirse"(1).
Aqui podemos desentrañar el origen mismo de la relación con el partenaire, el origen que causa es esquivo, una vez que se produce este primer señuelo, esa mascarada, nos la vemos con este primer momento de la afirmación: uno de los partenaires desea que el otro lo reconozca y se le someta, desea el deseo de reconocimiento del otro, y el otro patenaire también. Conciencias enfrentadas.
¿Cómo se resuelve esta aparente contradicción?
Dejamos aquí estas breves consideraciones y transribimos un extracto de una carta de amor, de Gustave Flaubert a su amante Luisa Colet:

"Nuestra última entrevista no me dejó ni irritación, ni cólera. Pude sentirme herido, pero en cuanto a guardarte rencor por ello, jamás, no, nunca abrigaré contra ti el menor mal sentimiento. Sería algo infame, pobre corazón.
Lo que ella me contristó profundamente, me humilló si quieres, es más bien la palabra, fue ver como nunca la incompatibilidad de nuestros caracteres. No son las grandes desgracias las que hacen la desgracia; ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejido fino e imperceptible de mil circunstancias comunes, de mil detalles invariables que constituyen una vida entera de calma radiante o de agitación infernal. Cotiadianamente, de nada sirven las grandes virtudes ni las bellas abnegaciones; el carácter lo es todo. El tuyo es irritable por sus saltos y sobresaltos. Tienes el corazón tierno y la cabeza demasiado dura.
......................................................................................................
Quieres saber si tu imagen ocupa a menudo mi pensamiento. Sí, lo ocupa muy a menudo; pero; ¡qué imagen!, entristecida, llorosa, desolada, como una aparición que me persigue con su tristeza.
......................................................................................................
¿Cuándo nos veremos? No lo sé. Vale más para ti no verme. ¿No estás acaso aburrida de vivir y de sentir?
Adiós. Te beso" (2).
La idea radicaba en principio, en extractar cartas de amor de poetas, artistas, filósofos como así también escribir ciertas consideraciones sobre las mismas. Inicialmente me atrajo el estilo poético de la escritura misma , luego los personajes, y luego el amor.
Lo que horada todas las cartas que he leído hasta ahora es una especie de falta de adecuación, de incomprensión fundamental entre quien escribe la carta y el destinatario, hay en ellas siempre una desigualdad, un tono de permanente tensión. Una desigualdad contenida en la forma amorosa, que encuentra diferentes matices, variados tonos de expresión, evidenciando una inadecuación radical. Inadecuación iniciática que interpela la idea platónica del amor.
Sartre hizo una lectura del amor en su obra "El Ser y la Nada", en la cual podemos reconocer alli las huellas de la lectura del maestro de Jena, Hegel, y asumir la intertextualidad de la dialéctica del Amo y el Esclavo planteada en la "Fenomenología del Espíritu". Entendiendo la intertextualidad como la plantea Julia Kristeva en tanto "Todo texto es la absorción o transformación de otro texto."
Plantea Nicola Abbagnano “El supuesto del análisis sartreano es considerar al A. como tentativa, o mejor dicho, como proyecto de realizar la unidad o la asimilación entre el yo y el otro...El A. es fundamentalmente un querer ser amado... La voluntad de ser amado es así la voluntad de valer para el otro como el infinito mismo...Es necesario que el otro sea libre para quererme amar y para ver el infinito en mí...El A. del que habla Sartre es el proyecto de la fusión absoluta entre dos infinitos, y dos infinitos no pueden más que excluírse y contradecirse"(1).
Aqui podemos desentrañar el origen mismo de la relación con el partenaire, el origen que causa es esquivo, una vez que se produce este primer señuelo, esa mascarada, nos la vemos con este primer momento de la afirmación: uno de los partenaires desea que el otro lo reconozca y se le someta, desea el deseo de reconocimiento del otro, y el otro patenaire también. Conciencias enfrentadas.
¿Cómo se resuelve esta aparente contradicción?
Dejamos aquí estas breves consideraciones y transribimos un extracto de una carta de amor, de Gustave Flaubert a su amante Luisa Colet:

"Nuestra última entrevista no me dejó ni irritación, ni cólera. Pude sentirme herido, pero en cuanto a guardarte rencor por ello, jamás, no, nunca abrigaré contra ti el menor mal sentimiento. Sería algo infame, pobre corazón.
Lo que ella me contristó profundamente, me humilló si quieres, es más bien la palabra, fue ver como nunca la incompatibilidad de nuestros caracteres. No son las grandes desgracias las que hacen la desgracia; ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejido fino e imperceptible de mil circunstancias comunes, de mil detalles invariables que constituyen una vida entera de calma radiante o de agitación infernal. Cotiadianamente, de nada sirven las grandes virtudes ni las bellas abnegaciones; el carácter lo es todo. El tuyo es irritable por sus saltos y sobresaltos. Tienes el corazón tierno y la cabeza demasiado dura.
......................................................................................................
Quieres saber si tu imagen ocupa a menudo mi pensamiento. Sí, lo ocupa muy a menudo; pero; ¡qué imagen!, entristecida, llorosa, desolada, como una aparición que me persigue con su tristeza.
......................................................................................................
¿Cuándo nos veremos? No lo sé. Vale más para ti no verme. ¿No estás acaso aburrida de vivir y de sentir?
Adiós. Te beso" (2).