El poema parece ligado a una palabra que no puede interrumpirse porque
no habla; es. La palabra no comienza nunca, pero siempre dice otra vez,
y siempre vuelve a comenzar.
El poeta es el que escuchó esa palabra, el que se convirtió en su mediador, el que le impuso silencio pronunciándola.
La obra sólo es obra cuando se convierte en la intimidad abierta
de alguien que la escribe y de alguien que la lee, el espacio
violentamente desplegado por el enfrentamiento neutro del poder de
decir y del poder de oír.
No hay comentarios:
Publicar un comentario